Para el primer día hemos elegido disfrutar del Valle de Eriste. Tras ocho horicas de conducción en nuestra Furia hemos llegado a Eriste.
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| Eriste |
Nada más iniciar la excursión nos llevamos la primera sorpresa: la cascada de Espigantosa. Preciosa. Prometa el baño de mañana a la vuelta.
La subida es durísima. Y me cago el el guarda del refugio cuando me dijo que la subida era de un desnivel de 600 y se hacía fácil en una hora y media: hemos tardado TRES HORAS y hemos llegado todos medio rotos.
Eso sí. Un consejo para el que quiera hacer la ruta. No es necesario llevarse fruta para recobrar fuerzas. Todo el sendero está lleno de fresas y frambuesas silvestres.
Y por fin y con poca luz avistamos el refugio Angel Orús. 2.148 metros de altitud.
Nos resulta muy curioso la cantidad de reglas que hay que seguir para pernoctar en un refugio. Estoy seguro que mis zagales no lo van a olvidar en la vida. Nos dice el guarda que como detalle nos toca una habitación pequeña, para seis, a compartir con dos de Estocolmo.
A cenar que se nos va la luz.
Cenando hablamos con un catalán. El colega, mientras se prepara una fideua, nos dice que mañana sigue la subida a la Cresta de Espadas: ocho tresmiles en cinco horas. Pero el muchacho es un indocumentado; pues no que me dice que no se sube ni una cerveza para reponer fuerzas. No deberían dejarlo entrar al monte.
Que sepáis que esto de los refugios en un engaño. Casi se me para el corazón cuando el guarda me dice que el desayuno es a las cinco de la mañana y se cierra a las siete. No vengo más.
Pues eso. A las siete de la mañana somos los últimos en desayunar. Hace frío.
Pagamos nuestra pernocta y para abajo. A disfrutar del valle y río de Eriste.
A mitad de camino jugamos un poco con el río.
Y al final de la bajada una buena ducha.
Al coche y al hotel que con una noche en un refugio ya está bien.


